La inflación es el proceso por el cual poder adquisitivo del dinero disminuye. A diferencia de las crisis económicas agudas, actúa gradualmente, obligando a que la misma cantidad de dinero sirva para adquirir menos bienes y servicios a lo largo del tiempo. Muchas personas creen erróneamente que si los números de una cuenta bancaria no cambian, su riqueza está segura. Sin embargo, el valor real de los ahorros no viene determinado por la denominación de los billetes, sino por lo que se puede comprar con ellos aquí y ahora.
Mecánica de la depreciación de activos
Cuando el nivel de precios de un país sube, el dinero empieza a perder su «densidad». La trampa básica es el consumo diferido. Una persona ahorra dinero para gastarlo en el futuro, pero en el momento de la compra, los precios de mercado tienen tiempo de subir. En consecuencia rentabilidad real de muchos instrumentos conservadores suele ser negativa. Si el tipo de interés de un depósito es inferior al nivel de crecimiento de los precios oficiales, el titular de la cuenta pierde dinero de hecho, aunque el banco devengue intereses correctamente.
Impacto en los distintos tipos de ahorro
Las distintas formas de almacenamiento de capital responden de manera diferente a las presiones inflacionistas:
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Efectivo – la categoría más vulnerable, ya que no generan ingresos y pierden valor al ritmo de la subida general de precios.
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Depósitos bancarios – compensan parcialmente las pérdidas, pero rara vez superan la inflación real, especialmente en periodos de inestabilidad económica.
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Bonos – sus rendimientos fijos podrían dejar de ser rentables si la tasa de crecimiento de los precios se acelera repentinamente.
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Bienes inmuebles y renta variable – se consideran históricamente activos más estables, ya que su valor suele ajustarse en respuesta a los cambios del mercado.
Costes ocultos para el presupuesto
La inflación distorsiona la planificación económica. Debido a los constantes cambios de precios, resulta más difícil estimar rendimiento de la inversión y planificar grandes compras a largo plazo. El aumento gradual del precio de la cesta básica de productos y servicios obliga a las personas a gastar la mayor parte de sus ingresos en necesidades corrientes, lo que reduce las oportunidades de formar un fondo de reserva.
Proteger el capital en un entorno así exige pasar del ahorro pasivo a la gestión activa de los recursos. Comprender que el dinero no es más que un equivalente de los bienes ayuda a revisar la estrategia a tiempo y a diversificar la cartera en favor de activos con valor intrínseco. Una posición financiera estable a largo plazo no depende del número de billetes acumulados, sino de la capacidad de los activos para mantener su utilidad en un entorno económico cambiante.

