Todos los días damos dinero de más por un envase bonito, una buena ubicación en la estantería o una marca ruidosa. La inflación y los trucos de marketing nos hacen gastar más, aunque la calidad de los bienes que consumimos siga siendo la misma. Para ahorrar presupuesto sin perder calidad de vida, basta con cambiar algunos hábitos de consumo y aprender a ver el valor real de un producto.
Pasarse a las marcas propias
Una de las formas más eficaces de ahorrar dinero es comparar precios marcas propias (STM) de la gran distribución. A menudo, los productos en envases sencillos se producen en las mismas fábricas que las marcas conocidas. La diferencia de precio se debe a la ausencia de costes de diseño y campañas publicitarias a gran escala. Esto se aplica no sólo a los cereales o el azúcar, sino también a los productos químicos de uso doméstico, los productos de higiene e incluso las conservas complejas.
Análisis de composición en lugar de búsqueda de marcas
Los vendedores suelen utilizar las atractivas etiquetas «eco», «bio» o «producto natural» para inflar artificialmente el precio. En lugar de fiarse de la parte frontal del envase, conviene estudiar composición y peso. A menudo, los «nuevos productos» en envases de colores brillantes contienen menos producto que sus homólogos estándar. Comprobar el precio por kilogramo o litro ayuda a determinar rápidamente dónde está el verdadero beneficio, y dónde el truco habitual de reducir el volumen del envase.
Alfabetización farmacéutica y genéricos
En el ámbito de la salud, pagar de más por un medicamento de marca es lo que más se siente. Muchos medicamentos populares tienen genéricos – medicamentos con el mismo principio activo pero con un nombre menos conocido. Los farmacéuticos están obligados a informar sobre la disponibilidad de análogos si se les pregunta directamente. Comprobar el principio activo puede reducir varias veces el coste del botiquín doméstico sin comprometer la eficacia del tratamiento.
Planificación y compra al por mayor
Las compras impulsivas son el mayor enemigo del ahorro. Utilización listas de la compra y las aplicaciones móviles para comparar precios en distintas redes ayudan a evitar gastos innecesarios. Los bienes con una larga vida útil, como los productos químicos domésticos, los cereales o los productos de lavandería, son más favorables para comprar en grandes paquetes durante los periodos de grandes descuentos. Esto crea una especie de colchón financiero, evitando la necesidad de comprar artículos demasiado caros en un momento de necesidad urgente.
Un planteamiento racional del consumo permite reasignar los fondos liberados a fines más importantes. Comparar las características de los productos y evitar las compras emocionales hacen que el ahorro sea una parte natural del confort cotidiano. Las elecciones sensatas ayudan a mantener el nivel de vida habitual con menos gastos financieros.

